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La noche del cine españolFeliz viernes, soy Claudia Lorenzo Rubiera, editora de Cultura. Una semana más vuelve a su bandeja de entrada Suplemento cultural. La del título es una expresión manida, lo sé, pero también cierta. Y probablemente este año más que ninguno. Aunque todas las quinielas pronostican que una o dos películas van a copar el sábado muchos de los Premios Goya que se entregarán a lo mejor del cine español, el 2025 ha sido un año excelente para la, y perdonen otra vez el cliché, cosecha. Déjenme resumirles los hitos de este año: se consiguió el Premio Panorama del Público en el Festival de Cine de Berlín con una ópera prima; se enviaron dos películas a la sección oficial del Festival de Cannes, una de las cuales salió premiada y ahora tiene dos nominaciones a los Óscar; un equipo de sonido compuesto íntegramente por mujeres conquistó una de esas nominaciones; el público acudió en masa a las salas a ver películas no precisamente "fáciles" pero que han atraído audiencias y presentado debates y, entre otras cosas, se habló (con éxito) de historias de seres humanos que no siempre salen en la gran pantalla.
En el 40 aniversario de los Goya celebremos que en los últimos meses hayamos podido ver filmes como Sorda, Sirāt, Los domingos, Romería, Ciudad sin sueño, La cena, Maspalomas, Tardes de soledad, La furia, Muy lejos, Una quinta portuguesa, Un fantasma en la batalla o La buena letra, entre otros muchos. Y para brindar por ello tenemos dos artículos nuevos (además de otros que se han ido publicando a lo largo del año) que explican, por un lado, la espiritualidad en Sirāt, la película de Oliver Laxe, y, por otro, el diseño sonoro de este filme y de Sorda, de Eva Libertad. Son dos análisis estupendos que ayudan a entender las profundidades de sus historias y también el hecho de que, en el cine, la técnica siempre funciona cuando está al servicio de aquello que se quiere contar al espectador.
En 'Sirāt', nominada a varios premios Goya y Óscar, Oliver Laxe propone un viaje espiritual dejando atrás la narrativa.
En ocasiones se olvida el 'audio' en lo 'audiovisual', pero dos filmes españoles del último año demuestran su importancia.
La última película de Carla Simón, 'Romería', cierra una serie de largos y cortos en los que la cineasta interroga y vivifica sus ausencias.
Nominada a 5 Goyas, la película está ambientada en un espacio muy vulnerable de Madrid y gira en torno a la amistad de dos chicos.
En la película española 'Los domingos' se plantean diferentes cuestiones a la hora de abordar la espiritualidad de su protagonista. Por cierto, aprovecho este hueco para mirar al pasado. En este 2026, el Goya de Honor recae en el cineasta, escritor, artista y hombre que lo hace todo Gonzalo Suárez. Hace un tiempo publicamos un artículo que repasaba su carrera y que, sobre todo, destacaba su tremenda libertad a la hora de abordarla. También me gustaría recuperar un tema atemporal que lanzamos en 2024 por estas mismas fechas y que utilizaba siete títulos españoles para explicar en qué consiste eso que muchas veces llamamos "lenguaje cinematográfico". Porque no hay nada como los ejemplos con obras maestras para hacernos entender algunos conceptos. La otra cara de Estados Unidos Las recientes protestas contra la detención de migrantes en Minneapolis y la despiadada reacción del gobierno estadounidense provocaron que muchos de los que seguíamos el desarrollo de la acción desde la distancia buscásemos respuestas en la cultura. Por un lado, se multiplicaron las referencias a la película Civil War, dirigida por Alex Garland y estrenada hace casi dos años, en la que un Estados Unidos distópico vive un conflicto civil bajo el mandato de un presidente autoritario que ostenta un (ilegal) tercer mandato. Por otro, el sector musical, que se ha mostrado más combativo que Hollywood, dio la cara una vez más. Si la semana pasada los irlandeses U2 lanzaban por sorpresa un EP que analizaba los diferentes conflictos mundiales, incluidos los asesinatos de dos norteamericanos en las calles de esa ciudad, hace casi un mes era el jefe de todo esto, el mismo Bruce Springsteen, quien ponía música a la ira que le consumía. Un crimen limpio Recuerdo la época en leí las novelas de Henning Mankell como una de las más disfrutonas y, a la vez, sórdidas de mi vida lectora. Mankell desarrollaba asesinatos y truculencias mientras desnudaba la sociedad sueca y yo vivía enganchada a los casos del inspector Wallander. Al final tuve que desintoxicarme porque el mundo que él presentaba parecía tan real y como cruel. Como no todo van a ser tragedias, aprovechamos dos aniversarios (el centenario de la publicación de la novela El asesinato de Roger Ackroyd y los cincuenta años del fallecimiento de su autora, Agatha Christie) para rebuscar en lo que ahora se llama el cozy crime, que no es otra cosa que la investigación de crímenes en un entorno protegido. En una época en la que el true crime parece ocuparlo todo, los seguidores (entre los que me incluyo) de series como Solo asesinatos en el edificio estamos de enhorabuena. Todas esas palabras que soltamos ¿Alguna vez se ha apuntado a un gimnasio que le ofrecía un functional traininig? Está de enhorabuena. En The Conversation no podemos decirle cómo mejorar la técnica de las dominadas o conseguir meter más burpees en un minuto, pero podemos ayudarle a desmenuzar, lingüísticamente, aquello por lo que ha pagado una suscripción. Nuestros expertos tan pronto analizan el "functional" como el "training". Y para todo tienen reflexiones y respuestas.
Feliz fin de semana. Claudia Lorenzo Rubiera, editora de Cultura |